viernes, 14 de julio de 2017

Rebajas en la sección de Electrónica


“Hay que hacer algo con ese abuelo de blanco, lleva durmiendo desde que abrimos esta mañana y no tiene pinta de querer despertarse”, afirmaba  por el teléfono con voz nasal, muy de teleoperadora, la dependienta de la sección de electrónica. Cuando ella entró de turno ya estaba ahí, en una discreta butaca, al lado de los ordenadores portátiles, con unos cascos por los que no salía sonido alguno, enchufados a los oídos. “OK, allá voy”, terminó de escuchar y colgó el auricular.

Se acercó muy profesional y lo zarandeó suavemente, como evitando hacerle daño. El anciano abrió tímidamente los ojos y parpadeó repetidamente, buscando acostumbrarse a la luz, la clásica luz indirecta de los grandes almacenes. Miró desconcertado a la muchacha primero y a su alrededor después; no sabía dónde estaba, ni cómo se llamaba, ni qué día era y se le notaba en la cara de estupefacción. Instintivamente, trataba de abrir mucho los ojos, que habían ido empequeñeciéndose con los años, para que le entrara más información y poder ubicarse correctamente. Ojalá hubiera sido tan fácil, intentó hablar y ni siquiera eso podía.

La vendedora no pudo ocultar su preocupación, no sabía qué hacer y volvió a llamar pidiendo ayuda y, haciendo honor a su fama merecida, el equipo de socorro no tardó en aparecer más allá de dos minutos.

Para preservar su intimidad, desplegaron un biombo portátil que les permitía trabajar a salvo de las miradas indiscretas de los curiosos que se iban reuniendo alrededor. Al cabo de media hora, recogieron sus bártulos y dejaron al hombre sentado en el mismo sillón pero en actitud más despierta; algo lento de reacciones quizá, pero plenamente consciente de la realidad, la suya y la ajena.

El responsable del equipo de socorro mandó a sus compañeros a la base y se quedó en el mostrador, con la dependienta, rellenando el parte de trabajo. Ella, aún asustada, preguntó qué había sucedido. “Nada”, respondió él, “que este es un modelo que se nos había quedado perdido en un rincón del almacén durante varios años, sin sacarlo de su embalaje original, y ha ido quedándose obsoleto con la memoria vacía y la batería en stand by. Cuando llegó aparentaba ser un hombre joven pero su interfaz ha envejecido con él. Tiene intactas todas sus cualidades de fábrica pero no tiene las prestaciones de los modelos actuales, por eso está muy rebajado de precio. Si yo tuviese sitio en casa me lo llevaba, es ideal para cuidar a los niños o mandarle a hacer recados y está tirado de precio; imagino que lo vendrás enseguida, porque por ese dinero es un regalo”



domingo, 9 de julio de 2017

De la obligación y la devoción


Estos son mis momentos favoritos, te veo tumbada ahí, completamente desnuda y entregada.  Trato de apartar la mirada de ti pero es imposible, tu imagen está presa en mis ojos y un torbellino recorre mi espalda;  cuando rozo tu piel tengo que hacer un gran esfuerzo para no abalanzarme apasionadamente sobre tu cuerpo porque lo nuestro es la sutileza, la tuya y la mía, jamás me hubieras consentido la grosería como muestra de pasión y ese tampoco es mi estilo.

Comienzo por tus pies, acaricio sus dedos uno a uno, con detenimiento, haciendo una parada ceremoniosa en cada pliegue;  a continuación dejo descansar el pequeño pie entre mis grandes manazas y lo masajeo con firmeza inundándolo con mi calor, esas plantas tan frías deben ser terribles en la cama, puestas sobre el estómago en una noche de invierno.

Los dedos, ansiosos por avanzar sobre tus piernas se han aferrado ya a los tobillos pero yo los obligo a retroceder y frotar las leves durezas de los talones.  Lo que os hacen sufrir los zapatos a las mujeres.

Mientras pensaba en la tortura del calzado mis manos han aprovechado el descuido trepando con suavidad hacia las pantorrillas con un roce suave, casi imperceptible, que transcurre del empeine a la rodilla y del talón al interior de tus muslos.  Por cierto, que graciosa resulta la sensación de percibir el tenue pinchazo del vello que asoma por algunos poros.

Una vez instalado sobre tus rodillas, resulta ya imposible contener el galope de mis dedos buscando el vértice de los muslos y, en un ejercicio de masoquismo, castigo a mis ojos a hacer el recorrido contrario buscando cada matiz que me hable de ti y veo las uñas de los pies pintadas de rojo intenso, te gusta ir descalza.  En la blanquecina piel de las espinillas se aprecian las huellas de una infancia alegre y en el marfil de tus corvas unas pequeñas venillas moradas proclaman tu reciente maternidad.  Y sigo estudiando cada peca, cada señal, como si quisiera aprenderte de memoria.

Las manos no tienen sentimientos y, mientras me emociono observándote, mis dedos juegan al escondite en tu pubis.  Que suave y sedoso es este vello y, a ambos lados de tu hendidura, una pelusilla rubia que, con la luz, forma un halo de magia.  El olor del jabón amortigua el natural, almizclado, excitante y turbador.  Siento tentaciones de ir a por los trastos de afeitar pero no lo voy a hacer, no soy un pervertido.

Con la pena del soldado que abandona su casa rumbo a la batalla, mis manos siguen vientre arriba, palpando a cada instante, a cada paso y cuando, con parsimonia descubren la perfección de tu ombligo, comprenden que ya han pasado el punto sin retorno y no habrá lugar para el arrepentimiento, la morbidez de tu cuerpo obliga a un trabajo concienzudo.

Y de la cintura paso a tus manos y mis dedos, al encontrarse con los tuyos aprenden lo que es el desconcierto de tenerte, a la vez, tan cerca y tan lejos.  Esas uñas triangulares pintadas, como en los pies, de rojo, son diez señales de peligro y, el hecho de haber llevado anillos en todos los dedos y pulseras y reloj en las muñecas, da a tus manos el delicado aspecto de porcelana policromada.  Los brazos son dos toboganes a los que me lanzo para buscar tus hombros y éstos, el trampolín para acceder a tus pechos, firmes aún pero también un poco descolgados hacia los lados por el peso.  Otro síntoma de maternidad.  Instintivamente acerco los labios al pezón que corona la areola sonrosada y creo notar el sabor amargo de la leche materna.  Será mi imaginación porque ese pecho ya dejó de alimentar un bebé.

Por fin entro en mi zona predilecta, el cuello, la parte más elegante y sensual de una mujer;  cualquier sentido que emplees será acertado aunque mis preferidos sean el tacto y el olfato, sentir la nariz persiguiendo a los dedos de la nuca a la garganta zigzagueando entre el hombro y la oreja es un placer reservado a unos pocos elegidos y yo soy uno de ellos.

La cara ya es otra cosa porque sólo se la puede mirar, un beso o unas caricias, si no obtienen respuesta se vuelven contra ti mismo, son una ceremonia de frustración y, en tus ojos azul descolorido puedo leer que nunca me darás contestación.

Tras darte un corte en la garganta de parte a parte y otro desde el pecho hasta el pubis has perdido todo tu encanto.

Este es el drama de ser médico forense.


Terapia


Durante toda la semana le habían estado molestando las cervicales o los músculos del cuello o lo que fuera, pero había movimientos que tenía proscritos en defensa propia, salvo que quisiera tener un alicate retorciéndole el cogote para el resto del día. Hacía esfuerzos por permanecer erguido y vencer la tendencia natural de su cuello de proyectarse hacia delante, como los buitres y, cada vez que estiraba el pescuezo para arriba, una serie de crujidos le recordaban el número de vértebras que corrían el riesgo de descoyuntarse dejándole tirado en el suelo, definitivamente insensible a estímulos, igual que una jarapa raída y arrugada.

Hollar el fósil de moqueta floreada que aún quedaba a la entrada del local, le recordaba lo que hace un tiempo fue y tenía un efecto balsámico en su maltratada estructura ósea: a medida que se adentraba en el pasillo, el dolor disminuía hasta diluirse en un recuerdo prescindible, del mismo modo que las paredes enteladas en los tiempos de la Guerra Fría, atesoraban aromas de tabacos de todas las épocas y modas, efluvios que el cerebro ya se había acostumbrado a ignorar. El trayecto de entrada tenía un algo de rito iniciático que se sabía superado cuando, los cuatro metros de bajada, desembocaban en el salón, mucho más amplio de lo que auguraba su angosto acceso, mucho más pequeño de lo que le gustaría a su dueña, una señora de edad indefinida que contaba, sin mediar provocación, que en sus años mozos había sido grupie de Sinatra.

Siempre sonaba la música, ya fuera sangrante o enlatada aunque, como mandan los cánones, un cuarteto de jazz en esa tarima de cuatro por cuatro metros, embrujaba para siempre todas las almas que por allí habían pasado, ya fueran en cuerpos presentes o ausentes. Instalaba un resorte en el cerebro que invitaba a llevar el ritmo silencioso con un leve movimiento del pie, en cuanto le llegaban cinco o seis notas aparentemente desordenadas. Él, como su carácter, siempre a la contra, no era de llevar el ritmo desgastando zapato y su naturaleza le desviaba el diapasón a la cabeza, que adquiría una cadencia ondulante sincronizada con las escobillas que acariciaban los parches de la escuálida batería. Al rato, todo él se cimbreaba elegante como un hombre orquesta imaginario y las miserias de su castigado esqueleto quedaban archivadas en la carpeta de ofensas olvidadas. Efecto terapéutico del jazz, lo llamaba él.

El sabor amargo y tibio, trasmitido por una pajita babeada, que dejaba en el paladar el último trago de una copa, era rápidamente reparado por la frescura del vaso siguiente, cuyo proceso se repetía seis o siete veces en una noche, entreverado por comentarios pretendidamente ingeniosos al camarero, sobre el peligro de administrar alcohol generosamente en la barra, combinado con la prudencia obligada sobre ruedas. Estos comentarios se sucedían cada copa, cada noche, cada semana y cada mes desde hace años. Desde aquel día.

Porque sí, hace unos años, demasiados quizá, fue algo parecido a un hombre orquesta, pero ya no cogía las baquetas con estilo de Nueva Orleans, ni soplaba el saxo buscando la clase de Charlie Parker, ni rasgaba la guitarra como Django Reinhardt, ni acariciaba el piano emulando al inimitable Thelonius Monk; sus manos retorcidas como sarmientos solo alcanzaban a pulsar el enorme botón que activaba el teléfono o ejecutar los simples movimientos del joystick de la silla de ruedas de última generación, mientras repetía en su mente el comentario ingenioso sobre el peligro de administrar alcohol generosamente en la barra, combinado con la prudencia obligada sobre ruedas, que alguien ignoró hace años y él no volvería a olvidar.





sábado, 8 de julio de 2017

Excrecencias


Cuando fui al médico reconozco que lo hice un poco acojonado; me estaban creciendo “cosas”: uñas, pelo, dientes, opiniones, … y lo hacían de modo desordenado y abundante. El doctor, tras un concienzudo reconocimiento de mis extensiones corporales y mentales, me preguntó por antecedentes familiares y prescribió una analítica completa de sangre, orina, saliva e ideas. “Pero, qué es lo que tengo, doctor”, pregunté un el hilillo de voz que permitía mi compungida garganta. “Excrecencias”, dijo él con seguridad y me calmé bastante. Porque excrecencias es una palabra que no suena mal, no tiene esa pátina solemne que augura algún tipo de sufrimiento y que acompaña a los tradicionales términos médicos, ya sabes, esos que, invariablemente, terminan en “itis”, “algia” o los peores “oma”. Excrecencia era una palabra que no dolía, que se podía tolerar.

Para terminar de tranquilizarme, en cuanto llegué a casa busqué la dichosa palabrita en el diccionario: Excrecencia: Del latín excrecentia. Femenino. Protuberancia, generalmente carnosa, que se produce en animales y plantas, alterando su textura y superficie natural.  No sé yo, pensé. Pasé los dedos por la piel del antebrazo para detectar posibles alteraciones de la superficie y me pellizqué en la tripa con un poco de fuerza para comprobar la textura pero nada, salvo un poco de dolor momentáneo, no detecté nada que pudiera augurar ningún cambio reseñable y mucho menos una protuberancia, lo que quiera que sea una protuberancia. De vuelta al diccionario, resultó ser una prominencia más o menos redonda y, tras una nueva consulta, descubrí que se trataba de una “elevación de algo sobre lo que está a su alrededor o cerca de ello”. En resumen, para no aburriros: lo que el médico me había dicho técnicamente, es que yo sobresalía por encima de los que había a mi alrededor; o sea, que me crecían esas cosas porque sobresalgo de los demás o que sobresalgo de los demás porque me crecen esas cosas, que eso todavía no lo he aclarado.

Desde entonces vivo feliz, consciente de mi superioridad. Pertenezco a esa selecta parte de la humanidad que destaca sobre el resto, simple plebe que me rodea. Tolero sus naturales limitaciones condescendientemente y trato de impartir mi espontáneo magisterio con discreción para no asustarles, que el miedo les convierte en seres huidizos, cuando no peligrosos y así no hay forma alguna de transmitirles sabiduría.


Alguien, algún día, en algún sitio, será consciente de mi esfuerzo y lo reconocerá como merezco.

El Analista Sarcástico de Medios propone para hoy...


Estados Unidos y Rusia acuerdan un alto el fuego parcial en Siria
Lo que demuestra dos cosas: Que la guerra en Siria es una cuestión interna de los sirios de la que se aprovechó Isis para conquistar territorio y que, vista la alternativa, Rusia seguirá contando con un puerto franco en el Mediterráneo oriental y aquí no ha pasado nada.

El Gobierno, sobre el diálogo con Cataluña: “Para bailar el tango hacen falta dos”
Pues para bailar la sardana…

Altsasu se vuelca con los acusados de terrorismo: “La Justicia se tambalea”
¿La Justicia se tambalea? Coño, como todos los implicados en la pelea de borrachos de Altsasu…

Los salarios han perdido un 3 %, unos 700 euros, desde el año 2008
Esta estadística tan falsa como interesada, para desmentir la necesidad imperiosa de una subida de salarios, tiene su parte de verdad: El titular se refiere a cifras anuales, pero el descenso de 700 euros, en la mayoría de los casos, es mensual.

Ciberdelincuentes burlan la seguridad de centrales nucleares de EE.UU.
Si este grave caso se hubiera dado en España, los titulares hablarían sobre Venezuela; como ha ocurrido en EE.UU., hablan de Corea del Norte…

La UE pide “vigilar de cerca” la compra del Popular por el Banco de Santander
Cuando una institución tan “pasada de todo” como la Unión Europea exige máxima vigilancia, quizá sea porque no ven la operación demasiado limpia. Exactamente como los accionistas e inversores del Popular. Panda de paranoicos…

Una gran tormenta obliga a cancelar 16 vuelos y a desviar otros 24 en Barajas
Bienvenido al Aeropuerto Internacional Jacques Cousteau-Adolfo Suárez- Madrid Barajas

En Francia solo se venderán coches eléctricos a partir de 2040
Algún dirigente de las eléctricas españolas, se ha puesto perdidos los pantalones solo con leer el titular.

A punto de desgajarse de la Antártida un iceberg 10 veces más grande que Madrid
Trump, relajado, constata que no le faltará hielo para su whisky de media tarde

En Murcia: Multas de 750 euros por jugar a las palas u orinar en el mar
Lo del afán recaudatorio está claro, lo que no termino yo de ver es cómo van a constatar que alguien está orinando en el mar (salvo que lo haga desde el trampolín).






domingo, 2 de julio de 2017

El Analista Sarcástico de Medios propone para hoy...




Madrid se convierte en la capital mundial de la reivindicación LGTBI
De vez en cuando es bueno saber que puedes presumir de algo y creo que debemos sentirnos muy orgullosos del Orgullo…

El PSOE vuelve a caer tras meses de recuperación
Las cocinas de El País echando humo a toda máquina, no vaya a ser que, al rojo peligroso este de Sánchez, le dé por adoptar políticas de izquierdas, se le acabe el chiringuito al PP y el Consejo de Administración del Grupo Prisa quede un tanto más escorado a la derecha de lo que debiera (para recibir el trato que recibe de bancos y administración)

Puigdemont: “Les damos miedo y más miedo les daremos”
Sinceramente, no sé yo si esta afirmación ayudará mucho a seducir a quienes no tienen claro lo del independentismo. Ahora bien, lo del seny está ya perdido sin remisión.

Rajoy augura que se crearán medio millón de trabajos este año
Que si los midiéramos en jornadas laborales legales, completas y con un salario digno, todos juntos no sumarían más allá de 137.

Soria se planteó en 2012 denunciar a Montoro por ayudar a Abengoa
Y lo que nos hubiéramos divertido, qué. Ahora Soria denuncia a Montoro, ahora Montoro denuncia a Soria, ambos se unen para llevarse por delante a Cañete, que se revuelve y cornea a Morenés, …  Nos habrían jodido igual pero nos habríamos echado unas risas.

Las pensiones se quedan sin salvavidas
Partiendo de la base que las pensiones son, por sí mismas, un salvavidas; no parece una noticia de lo más alentador. ¿Y por qué no aportan los bancos un mínimo porcentaje de cada operación financiera que realizan? Porque demasiado favor nos han hecho, aceptando los 300.000 millones de dinero público que les hemos inyectado, como para pedirles ahora se contribuyan. Eso sería abusar.

La Iglesia, preocupada por la “desamortización encubierta” de los bienes que se apropió
Pues si por mí fuera no sería ni desamortización ni encubierta, sería expropiación, con luz, taquígrafos, jueces y cárcel.

La fiscalía imputa a Marine Le Pen por apropiación indebida
¿Preguntáis por qué en España no hay ningún partido de corte ultraderechista como el Frente Nacional? No solo ya existe, con el nombre de PP, sino que el propio Frente Nacional se esfuerza en imitarle.

La OMS eleva a 1.500 el número de muertos por cólera en Yemen
¿La diferencia entre los muertos por ébola y por cólera y las alarmas internacionales? Que en Europa y Norteamérica el contagio de la primera es letal y el de la segunda es imposible.

Keysi Sayago, Miss Venezuela, también contra Maduro
Amigo Maduro, si Miss Venezuela está en tu contra ya puedes ir haciendo las maletas y preparando una salida digna del poder, esa presión infernal no puede soportarla nadie.