domingo, 17 de abril de 2016

Se derrumba el castillo (de naipes)


Cuando todo apunta a repetición de las elecciones generales, allá para el mes de junio, un sencillo ejercicio de aritmética política nos demuestra que, posiblemente, sea la mejor solución para que veamos con claridad la situación.

El aparatoso esqueleto, formado por castillos de naipes superpuestos, en el que el Gobierno había sustentado su hipotética recuperación económica, se está viniendo abajo con estrépito.  No es extraño; estaba calculado para dar una sensación de bonanza a gruesos brochazos, coincidiendo con el cierre del ejercicio 2015 pero, ya avanzado el 2016, las débiles costuras sujetas con alfileres van cediendo una tras otra.

En 2011 funcionaba a pleno rendimiento la máquina de convertir en chopped de ínfima calidad todo lo que oliera al denostado Gobierno Zapatero (que no era santo de mi devoción pero, visto en perspectiva, promovió reformas sociales muy interesantes por las que, quizá en parte, sembraron su camino de trampas en lo económico).  La crisis mundial provocada por el colapso de las sub primes, golpeaba con saña a la construcción, motor de la economía nacional por la descomunal burbuja inmobiliaria y dejaba a su paso un reguero de cadáveres económicos en forma de colapso financiero, cierre súbito de fuentes de crédito, desaparición de empresas por falta de financiación, aumento exponencial del paro y volatilización fugaz del superávit del Estado en un estéril parcheo de la hemorragia que afectaba a todos los sectores.  Aún así, con unas cifras de desempleo rondando los 4 millones de un día para otro, el sacrosanto déficit superó en 2 o 3 puntos el programado por Europa y, con la deuda pública situada en un 67% y 70.000 millones en la hucha de las pensiones, la situación no era tan espantosa como nos hicieron creer.

Zapatero se equivocó (o le “equivocaron”).  Sus reformas sociales y alguna actitud de postureo rebelde ante los poderosos, le granjearon la inquina de determinados sectores que, a su vez, emprendieron una cruzada en prácticamente todos los medios de comunicación (financiados por ellos), un chantaje desde las instituciones europeas y un puñal artificial en la yugular llamado “prima de riesgo” que, manejado con saña por un ente abstracto denominado “mercados”, provocaron la reforma exprés del 135 de la Constitución que la que no ha dejado de arrepentirse un solo día.  Todos tenemos en la retina la imagen de un presidente balbuceante, que llamaba “desaceleración” a un crítico frenazo en seco y, maltratado por todos, deambulaba por los medios de comunicación como un boxeador sonado.

Curiosamente, cinco años después, las alimañas que se cebaron con la debilidad de Zapatero están en el Gobierno.  El paro ronda los cuatro millones con una infinita precariedad laboral; cientos de miles de millones gastados en rescates (que, dicen, no han existido), evaporados de nuestras cuentas y condensados luego en paraísos fiscales, recortes brutales que afectan sobre todo a votantes de opciones ajenas (los desfavorecidos) y subvenciones sospechosas (sólo la Iglesia se ha llevado 55.000 millones sumados a lo que ha dejado de pagar); el sacrosanto déficit ya se ha desviado casi 2 puntos, la deuda pública está en un 100% del PIB (350.000 millones más que con Zapatero) y la hucha de las pensiones ha quedado reducida a la tercera parte.  Las grandilocuentes previsiones económicas del ministro de Guindos se van rebajando de 3 en 3 décimas y, el mismo ministro, lo achaca a: ¡¡La DESACELERACIÓN global de la economía!!

Si no hay un milagro de última hora y considero más probable el descubrimiento de la Fusión Fría, tendremos elecciones para junio y será el momento de volver a barajar y repartir cartas.  A ver si esta vez no se permite participar a tahúres de medio pelo, prestidigitadores de lo ajeno y tramposos y chorizos a jornada completa y, si aún así se presentan, en cuanto se les descubra, sean arrojados por la borda a las turbias aguas del Mississippi para ser recogidos como peleles chorreantes por la barcaza de la policía fluvial.  Ya sabemos quienes son los actores pero, uno en particular, el PSOE, debe redescubrir que la salida será por la izquierda o no será. Volvamos a votar con la misma ilusión pero con los ojos muy abiertos. Total, sólo nos va la vida en ello.






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