domingo, 12 de enero de 2014

¿Y si nos hacemos unas preguntas?


Resulta curioso el revuelo organizado alrededor de que, un juez, haya imputado a una ciudadana de la que sospecha, fundadamente, que ha delinquido.  ¿Tan raro es que se impute a una delincuente?

Llama la atención que, una ciudadana imputada por delitos fiscales y citada a declarar, haga pública su intención de acudir voluntariamente al juzgado.  ¿Mostraría la misma voluntad si no hubiera sido citada?

Ofende la vista la contemplación, día tras día, de las portadas de determinados periódicos que han hecho bandera de la manipulación grosera y la mentira.  ¿Gozarían de la misma impunidad si sus invectivas fueran en contra del Gobierno?

Ofende la inteligencia, en cuanto se hace un mínimo análisis, la sutil pero constante labor de transmisión, por los medios de comunicación convencionales, de las tesis defendidas por el Gobierno, aunque sean absurdas.  ¿Hay una epidemia de adocenamiento periodístico o, verdaderamente, la supervivencia de sus empresas (y de sus puestos de trabajo) depende de su docilidad?

Es repulsivo el machaque diario, contra las instituciones públicas y un Sistema maleado pero recuperable, con la complicidad de determinados medios, en busca de radicalizar la desafección política y provocar la abstención.  ¿Cuántos votantes de la derecha se abstendrían y cuántos de la izquierda?  ¿La ciudadanía es consciente de la existencia real de otras formaciones políticas, aparte de PP y PSOE, que podrían gobernar y hacerlo bien?

Asquea el manoseo de cifras, en un asunto tan delicado como el desempleo, que nos colocan cada vez que se publica el número de parados, el de afiliados a la Seguridad Social y los índices macro/micro económicos que se contradicen entre sí.  ¿Están convencidos que los ciudadanos somos gilipollas?

Debería estar contemplado en el Código Penal el ejercicio de trile descarado que nos ofrecen con la sacrosanta deuda:  Bajada de la prima de riesgo e intereses de los bonos emitidos y, con la excusa de los menores intereses, aumento del préstamo recibido.  ¿Alguien se ha parado a calcular cuánto dinero debía el Estado hace dos años y cuánto debe ahora?  ¿Cuánto dinero supone el trasvase bastardo de deuda privada a deuda pública?  ¿Cómo y quién lo pagará?

¿Tenemos un Gobierno tan sumamente cobarde (cruel con el débil y sumiso con el poderoso) o no es más que el “capataz” que han colocado ahí los poderes financieros, grandes empresarios y lobbies poderosos (como la Iglesia) para servir sus intereses hasta que maten una gallina de los huevos de oro que ya agoniza?

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