viernes, 14 de julio de 2017

Rebajas en la sección de Electrónica


“Hay que hacer algo con ese abuelo de blanco, lleva durmiendo desde que abrimos esta mañana y no tiene pinta de querer despertarse”, afirmaba  por el teléfono con voz nasal, muy de teleoperadora, la dependienta de la sección de electrónica. Cuando ella entró de turno ya estaba ahí, en una discreta butaca, al lado de los ordenadores portátiles, con unos cascos por los que no salía sonido alguno, enchufados a los oídos. “OK, allá voy”, terminó de escuchar y colgó el auricular.

Se acercó muy profesional y lo zarandeó suavemente, como evitando hacerle daño. El anciano abrió tímidamente los ojos y parpadeó repetidamente, buscando acostumbrarse a la luz, la clásica luz indirecta de los grandes almacenes. Miró desconcertado a la muchacha primero y a su alrededor después; no sabía dónde estaba, ni cómo se llamaba, ni qué día era y se le notaba en la cara de estupefacción. Instintivamente, trataba de abrir mucho los ojos, que habían ido empequeñeciéndose con los años, para que le entrara más información y poder ubicarse correctamente. Ojalá hubiera sido tan fácil, intentó hablar y ni siquiera eso podía.

La vendedora no pudo ocultar su preocupación, no sabía qué hacer y volvió a llamar pidiendo ayuda y, haciendo honor a su fama merecida, el equipo de socorro no tardó en aparecer más allá de dos minutos.

Para preservar su intimidad, desplegaron un biombo portátil que les permitía trabajar a salvo de las miradas indiscretas de los curiosos que se iban reuniendo alrededor. Al cabo de media hora, recogieron sus bártulos y dejaron al hombre sentado en el mismo sillón pero en actitud más despierta; algo lento de reacciones quizá, pero plenamente consciente de la realidad, la suya y la ajena.

El responsable del equipo de socorro mandó a sus compañeros a la base y se quedó en el mostrador, con la dependienta, rellenando el parte de trabajo. Ella, aún asustada, preguntó qué había sucedido. “Nada”, respondió él, “que este es un modelo que se nos había quedado perdido en un rincón del almacén durante varios años, sin sacarlo de su embalaje original, y ha ido quedándose obsoleto con la memoria vacía y la batería en stand by. Cuando llegó aparentaba ser un hombre joven pero su interfaz ha envejecido con él. Tiene intactas todas sus cualidades de fábrica pero no tiene las prestaciones de los modelos actuales, por eso está muy rebajado de precio. Si yo tuviese sitio en casa me lo llevaba, es ideal para cuidar a los niños o mandarle a hacer recados y está tirado de precio; imagino que lo vendrás enseguida, porque por ese dinero es un regalo”



domingo, 9 de julio de 2017

De la obligación y la devoción


Estos son mis momentos favoritos, te veo tumbada ahí, completamente desnuda y entregada.  Trato de apartar la mirada de ti pero es imposible, tu imagen está presa en mis ojos y un torbellino recorre mi espalda;  cuando rozo tu piel tengo que hacer un gran esfuerzo para no abalanzarme apasionadamente sobre tu cuerpo porque lo nuestro es la sutileza, la tuya y la mía, jamás me hubieras consentido la grosería como muestra de pasión y ese tampoco es mi estilo.

Comienzo por tus pies, acaricio sus dedos uno a uno, con detenimiento, haciendo una parada ceremoniosa en cada pliegue;  a continuación dejo descansar el pequeño pie entre mis grandes manazas y lo masajeo con firmeza inundándolo con mi calor, esas plantas tan frías deben ser terribles en la cama, puestas sobre el estómago en una noche de invierno.

Los dedos, ansiosos por avanzar sobre tus piernas se han aferrado ya a los tobillos pero yo los obligo a retroceder y frotar las leves durezas de los talones.  Lo que os hacen sufrir los zapatos a las mujeres.

Mientras pensaba en la tortura del calzado mis manos han aprovechado el descuido trepando con suavidad hacia las pantorrillas con un roce suave, casi imperceptible, que transcurre del empeine a la rodilla y del talón al interior de tus muslos.  Por cierto, que graciosa resulta la sensación de percibir el tenue pinchazo del vello que asoma por algunos poros.

Una vez instalado sobre tus rodillas, resulta ya imposible contener el galope de mis dedos buscando el vértice de los muslos y, en un ejercicio de masoquismo, castigo a mis ojos a hacer el recorrido contrario buscando cada matiz que me hable de ti y veo las uñas de los pies pintadas de rojo intenso, te gusta ir descalza.  En la blanquecina piel de las espinillas se aprecian las huellas de una infancia alegre y en el marfil de tus corvas unas pequeñas venillas moradas proclaman tu reciente maternidad.  Y sigo estudiando cada peca, cada señal, como si quisiera aprenderte de memoria.

Las manos no tienen sentimientos y, mientras me emociono observándote, mis dedos juegan al escondite en tu pubis.  Que suave y sedoso es este vello y, a ambos lados de tu hendidura, una pelusilla rubia que, con la luz, forma un halo de magia.  El olor del jabón amortigua el natural, almizclado, excitante y turbador.  Siento tentaciones de ir a por los trastos de afeitar pero no lo voy a hacer, no soy un pervertido.

Con la pena del soldado que abandona su casa rumbo a la batalla, mis manos siguen vientre arriba, palpando a cada instante, a cada paso y cuando, con parsimonia descubren la perfección de tu ombligo, comprenden que ya han pasado el punto sin retorno y no habrá lugar para el arrepentimiento, la morbidez de tu cuerpo obliga a un trabajo concienzudo.

Y de la cintura paso a tus manos y mis dedos, al encontrarse con los tuyos aprenden lo que es el desconcierto de tenerte, a la vez, tan cerca y tan lejos.  Esas uñas triangulares pintadas, como en los pies, de rojo, son diez señales de peligro y, el hecho de haber llevado anillos en todos los dedos y pulseras y reloj en las muñecas, da a tus manos el delicado aspecto de porcelana policromada.  Los brazos son dos toboganes a los que me lanzo para buscar tus hombros y éstos, el trampolín para acceder a tus pechos, firmes aún pero también un poco descolgados hacia los lados por el peso.  Otro síntoma de maternidad.  Instintivamente acerco los labios al pezón que corona la areola sonrosada y creo notar el sabor amargo de la leche materna.  Será mi imaginación porque ese pecho ya dejó de alimentar un bebé.

Por fin entro en mi zona predilecta, el cuello, la parte más elegante y sensual de una mujer;  cualquier sentido que emplees será acertado aunque mis preferidos sean el tacto y el olfato, sentir la nariz persiguiendo a los dedos de la nuca a la garganta zigzagueando entre el hombro y la oreja es un placer reservado a unos pocos elegidos y yo soy uno de ellos.

La cara ya es otra cosa porque sólo se la puede mirar, un beso o unas caricias, si no obtienen respuesta se vuelven contra ti mismo, son una ceremonia de frustración y, en tus ojos azul descolorido puedo leer que nunca me darás contestación.

Tras darte un corte en la garganta de parte a parte y otro desde el pecho hasta el pubis has perdido todo tu encanto.

Este es el drama de ser médico forense.


Terapia


Durante toda la semana le habían estado molestando las cervicales o los músculos del cuello o lo que fuera, pero había movimientos que tenía proscritos en defensa propia, salvo que quisiera tener un alicate retorciéndole el cogote para el resto del día. Hacía esfuerzos por permanecer erguido y vencer la tendencia natural de su cuello de proyectarse hacia delante, como los buitres y, cada vez que estiraba el pescuezo para arriba, una serie de crujidos le recordaban el número de vértebras que corrían el riesgo de descoyuntarse dejándole tirado en el suelo, definitivamente insensible a estímulos, igual que una jarapa raída y arrugada.

Hollar el fósil de moqueta floreada que aún quedaba a la entrada del local, le recordaba lo que hace un tiempo fue y tenía un efecto balsámico en su maltratada estructura ósea: a medida que se adentraba en el pasillo, el dolor disminuía hasta diluirse en un recuerdo prescindible, del mismo modo que las paredes enteladas en los tiempos de la Guerra Fría, atesoraban aromas de tabacos de todas las épocas y modas, efluvios que el cerebro ya se había acostumbrado a ignorar. El trayecto de entrada tenía un algo de rito iniciático que se sabía superado cuando, los cuatro metros de bajada, desembocaban en el salón, mucho más amplio de lo que auguraba su angosto acceso, mucho más pequeño de lo que le gustaría a su dueña, una señora de edad indefinida que contaba, sin mediar provocación, que en sus años mozos había sido grupie de Sinatra.

Siempre sonaba la música, ya fuera sangrante o enlatada aunque, como mandan los cánones, un cuarteto de jazz en esa tarima de cuatro por cuatro metros, embrujaba para siempre todas las almas que por allí habían pasado, ya fueran en cuerpos presentes o ausentes. Instalaba un resorte en el cerebro que invitaba a llevar el ritmo silencioso con un leve movimiento del pie, en cuanto le llegaban cinco o seis notas aparentemente desordenadas. Él, como su carácter, siempre a la contra, no era de llevar el ritmo desgastando zapato y su naturaleza le desviaba el diapasón a la cabeza, que adquiría una cadencia ondulante sincronizada con las escobillas que acariciaban los parches de la escuálida batería. Al rato, todo él se cimbreaba elegante como un hombre orquesta imaginario y las miserias de su castigado esqueleto quedaban archivadas en la carpeta de ofensas olvidadas. Efecto terapéutico del jazz, lo llamaba él.

El sabor amargo y tibio, trasmitido por una pajita babeada, que dejaba en el paladar el último trago de una copa, era rápidamente reparado por la frescura del vaso siguiente, cuyo proceso se repetía seis o siete veces en una noche, entreverado por comentarios pretendidamente ingeniosos al camarero, sobre el peligro de administrar alcohol generosamente en la barra, combinado con la prudencia obligada sobre ruedas. Estos comentarios se sucedían cada copa, cada noche, cada semana y cada mes desde hace años. Desde aquel día.

Porque sí, hace unos años, demasiados quizá, fue algo parecido a un hombre orquesta, pero ya no cogía las baquetas con estilo de Nueva Orleans, ni soplaba el saxo buscando la clase de Charlie Parker, ni rasgaba la guitarra como Django Reinhardt, ni acariciaba el piano emulando al inimitable Thelonius Monk; sus manos retorcidas como sarmientos solo alcanzaban a pulsar el enorme botón que activaba el teléfono o ejecutar los simples movimientos del joystick de la silla de ruedas de última generación, mientras repetía en su mente el comentario ingenioso sobre el peligro de administrar alcohol generosamente en la barra, combinado con la prudencia obligada sobre ruedas, que alguien ignoró hace años y él no volvería a olvidar.





sábado, 8 de julio de 2017

Excrecencias


Cuando fui al médico reconozco que lo hice un poco acojonado; me estaban creciendo “cosas”: uñas, pelo, dientes, opiniones, … y lo hacían de modo desordenado y abundante. El doctor, tras un concienzudo reconocimiento de mis extensiones corporales y mentales, me preguntó por antecedentes familiares y prescribió una analítica completa de sangre, orina, saliva e ideas. “Pero, qué es lo que tengo, doctor”, pregunté un el hilillo de voz que permitía mi compungida garganta. “Excrecencias”, dijo él con seguridad y me calmé bastante. Porque excrecencias es una palabra que no suena mal, no tiene esa pátina solemne que augura algún tipo de sufrimiento y que acompaña a los tradicionales términos médicos, ya sabes, esos que, invariablemente, terminan en “itis”, “algia” o los peores “oma”. Excrecencia era una palabra que no dolía, que se podía tolerar.

Para terminar de tranquilizarme, en cuanto llegué a casa busqué la dichosa palabrita en el diccionario: Excrecencia: Del latín excrecentia. Femenino. Protuberancia, generalmente carnosa, que se produce en animales y plantas, alterando su textura y superficie natural.  No sé yo, pensé. Pasé los dedos por la piel del antebrazo para detectar posibles alteraciones de la superficie y me pellizqué en la tripa con un poco de fuerza para comprobar la textura pero nada, salvo un poco de dolor momentáneo, no detecté nada que pudiera augurar ningún cambio reseñable y mucho menos una protuberancia, lo que quiera que sea una protuberancia. De vuelta al diccionario, resultó ser una prominencia más o menos redonda y, tras una nueva consulta, descubrí que se trataba de una “elevación de algo sobre lo que está a su alrededor o cerca de ello”. En resumen, para no aburriros: lo que el médico me había dicho técnicamente, es que yo sobresalía por encima de los que había a mi alrededor; o sea, que me crecían esas cosas porque sobresalgo de los demás o que sobresalgo de los demás porque me crecen esas cosas, que eso todavía no lo he aclarado.

Desde entonces vivo feliz, consciente de mi superioridad. Pertenezco a esa selecta parte de la humanidad que destaca sobre el resto, simple plebe que me rodea. Tolero sus naturales limitaciones condescendientemente y trato de impartir mi espontáneo magisterio con discreción para no asustarles, que el miedo les convierte en seres huidizos, cuando no peligrosos y así no hay forma alguna de transmitirles sabiduría.


Alguien, algún día, en algún sitio, será consciente de mi esfuerzo y lo reconocerá como merezco.

El Analista Sarcástico de Medios propone para hoy...


Estados Unidos y Rusia acuerdan un alto el fuego parcial en Siria
Lo que demuestra dos cosas: Que la guerra en Siria es una cuestión interna de los sirios de la que se aprovechó Isis para conquistar territorio y que, vista la alternativa, Rusia seguirá contando con un puerto franco en el Mediterráneo oriental y aquí no ha pasado nada.

El Gobierno, sobre el diálogo con Cataluña: “Para bailar el tango hacen falta dos”
Pues para bailar la sardana…

Altsasu se vuelca con los acusados de terrorismo: “La Justicia se tambalea”
¿La Justicia se tambalea? Coño, como todos los implicados en la pelea de borrachos de Altsasu…

Los salarios han perdido un 3 %, unos 700 euros, desde el año 2008
Esta estadística tan falsa como interesada, para desmentir la necesidad imperiosa de una subida de salarios, tiene su parte de verdad: El titular se refiere a cifras anuales, pero el descenso de 700 euros, en la mayoría de los casos, es mensual.

Ciberdelincuentes burlan la seguridad de centrales nucleares de EE.UU.
Si este grave caso se hubiera dado en España, los titulares hablarían sobre Venezuela; como ha ocurrido en EE.UU., hablan de Corea del Norte…

La UE pide “vigilar de cerca” la compra del Popular por el Banco de Santander
Cuando una institución tan “pasada de todo” como la Unión Europea exige máxima vigilancia, quizá sea porque no ven la operación demasiado limpia. Exactamente como los accionistas e inversores del Popular. Panda de paranoicos…

Una gran tormenta obliga a cancelar 16 vuelos y a desviar otros 24 en Barajas
Bienvenido al Aeropuerto Internacional Jacques Cousteau-Adolfo Suárez- Madrid Barajas

En Francia solo se venderán coches eléctricos a partir de 2040
Algún dirigente de las eléctricas españolas, se ha puesto perdidos los pantalones solo con leer el titular.

A punto de desgajarse de la Antártida un iceberg 10 veces más grande que Madrid
Trump, relajado, constata que no le faltará hielo para su whisky de media tarde

En Murcia: Multas de 750 euros por jugar a las palas u orinar en el mar
Lo del afán recaudatorio está claro, lo que no termino yo de ver es cómo van a constatar que alguien está orinando en el mar (salvo que lo haga desde el trampolín).






domingo, 2 de julio de 2017

El Analista Sarcástico de Medios propone para hoy...




Madrid se convierte en la capital mundial de la reivindicación LGTBI
De vez en cuando es bueno saber que puedes presumir de algo y creo que debemos sentirnos muy orgullosos del Orgullo…

El PSOE vuelve a caer tras meses de recuperación
Las cocinas de El País echando humo a toda máquina, no vaya a ser que, al rojo peligroso este de Sánchez, le dé por adoptar políticas de izquierdas, se le acabe el chiringuito al PP y el Consejo de Administración del Grupo Prisa quede un tanto más escorado a la derecha de lo que debiera (para recibir el trato que recibe de bancos y administración)

Puigdemont: “Les damos miedo y más miedo les daremos”
Sinceramente, no sé yo si esta afirmación ayudará mucho a seducir a quienes no tienen claro lo del independentismo. Ahora bien, lo del seny está ya perdido sin remisión.

Rajoy augura que se crearán medio millón de trabajos este año
Que si los midiéramos en jornadas laborales legales, completas y con un salario digno, todos juntos no sumarían más allá de 137.

Soria se planteó en 2012 denunciar a Montoro por ayudar a Abengoa
Y lo que nos hubiéramos divertido, qué. Ahora Soria denuncia a Montoro, ahora Montoro denuncia a Soria, ambos se unen para llevarse por delante a Cañete, que se revuelve y cornea a Morenés, …  Nos habrían jodido igual pero nos habríamos echado unas risas.

Las pensiones se quedan sin salvavidas
Partiendo de la base que las pensiones son, por sí mismas, un salvavidas; no parece una noticia de lo más alentador. ¿Y por qué no aportan los bancos un mínimo porcentaje de cada operación financiera que realizan? Porque demasiado favor nos han hecho, aceptando los 300.000 millones de dinero público que les hemos inyectado, como para pedirles ahora se contribuyan. Eso sería abusar.

La Iglesia, preocupada por la “desamortización encubierta” de los bienes que se apropió
Pues si por mí fuera no sería ni desamortización ni encubierta, sería expropiación, con luz, taquígrafos, jueces y cárcel.

La fiscalía imputa a Marine Le Pen por apropiación indebida
¿Preguntáis por qué en España no hay ningún partido de corte ultraderechista como el Frente Nacional? No solo ya existe, con el nombre de PP, sino que el propio Frente Nacional se esfuerza en imitarle.

La OMS eleva a 1.500 el número de muertos por cólera en Yemen
¿La diferencia entre los muertos por ébola y por cólera y las alarmas internacionales? Que en Europa y Norteamérica el contagio de la primera es letal y el de la segunda es imposible.

Keysi Sayago, Miss Venezuela, también contra Maduro
Amigo Maduro, si Miss Venezuela está en tu contra ya puedes ir haciendo las maletas y preparando una salida digna del poder, esa presión infernal no puede soportarla nadie.





sábado, 17 de junio de 2017

Tute Cabrón en el Congreso


Existe un juego de mesa de dinámica tan ramplona como eficaz, consiste en jugar al Tute, con sus reglas clásicas, pero de tal modo que, en vez de recoger puntos, debes entregarlos; es decir, el que pierde, gana, y responde a un nombre tan expresivo como Tute Cabrón.  Algo parecido hemos visto esta semana en el Congreso de los Diputados a costa de la cacareada Moción de Censura presentada por el grupo parlamentario de Unidos Podemos contra Mariano Rajoy.

Según las reglas del Tute convencional, no hubo dudas; quien presentó la moción obtuvo menos votos que quien fue sometido a censura, de forma que Rajoy sigue en su puesto todo ufano y colorín, colorado, este cuento se ha acabado… ¿se ha acabado? No lo creo, más bien acaba de empezar.

En esta partida en tres manos intervienen cuatro jugadores, a saber: Mariano Rajoy y su mariachi que, antes de dar las cartas ya llevaba, como acostumbra, todos los triunfos en la mano; Pablo Iglesias como ponente de la moción, a quien la baraja le dio muchos puntos potenciales pero todos secundarios, lo que auguraba una derrota segura; Albert Rivera, quien, por prepotencia o ignorancia, desconocía las características de la partida y se sentó a la mesa pensando que era por parejas y le había tocado en suerte ser partenaire de Rajoy, a quien apoyó con sus escasos tantos; por último, y en un papel testimonial, se situaba un Pedro Sánchez ausente, que delegó su juego en un “desconocido” José Luis Ábalos quien, sin cartas reseñables, desempeñó un papel brillante en su anunciada abstención.

La primera mano, la de la prensa, fue vencida sin ninguna sorpresa que amenazase el resultado final por Rajoy y su pléyade de medios afines, por ideología, por economía, por supervivencia o por las tres razones juntas. Pablo Iglesias arrasó en los medios de corte progresista o claramente de izquierda aunque, estos, gozan de menor predicamento entre el público por estrictas razones de sustentación económica. La irrelevancia de Albert Rivera fue escandalosa, casi nadie le nombró y, quien lo hizo, fue para señalar su papel de figurante con frase, él trató de hacer pomposas declaraciones a quien tuviera a bien escucharle pero solo encontró abiertos los micrófonos de Radio-Taxi.  La prensa biempensante aún anda escocida con la victoria de Pedro Sánchez en las primarias y se la tiene guardada, fuera cual fuera el voto que anunciase, recibiría una andanada de críticas que, analizadas con frialdad, redundarían que circula por la dirección correcta.

La segunda mano, el propio debate, tuvo un desarrollo algo pesado pero, en lo que destacó fue en los distintos modos de los intervinientes: Mariano Rajoy, hombre tan ahorrador con el esfuerzo propio como derrochón con los dineros ajenos, ya traía preparada de casa la réplica a Pablo Iglesias; una serie de chascarrillos pretendidamente ingeniosos, tópicos vulgares que, repetidos desde la altanería lo siguen siendo, algún trabalenguas incomprensible de los suyos y el apoyo navajero del portavoz de su grupo parlamentario, todo muy previsible y vulgar. Las intervenciones de Unidos Podemos rompieron algún molde: Irene Montero, aunque algo acelerada, hizo una precisa autopsia a un cuerpo que ignora que está muerto, el Partido Popular y Pablo Iglesias, en el rol de Presidenciable, ejerció de pedagogo aunque, para mi gusto, excesivamente condescendiente y, por momentos, sabiondo que se mordía la lengua para dar sensación de “hombre de estado” y solo fue “hombre de estrado”; puede y sabe hacerlo mejor aunque su nota esté en un interesante Notable.  Albert Rivera subió al estrado desinformado del carácter individual de la partida y volcó todo su esfuerzo, es decir, no mucho, en atacar con uñas y dientes a Pablo Iglesias mientras dirigía algún reproche cosmético al Presidente del Gobierno; se fue para casa con las nalgas enrojecidas y tuvo que dormir sentado sobre un cojín congelado para bajar la inflamación. Todos sabían que Pedro Sánchez no iba a estar y lo demostró no estando, perogrullada sí, pero no gratuita; el portavoz de estreno, José Luis Ábalos, tuvo una intervención inteligente desde la independencia del PSOE, hasta tal punto, que al final del debate intercambiaron números de teléfono con las filas de Unidos Podemos, con la promesa recíproca de darse un toque de igual a igual.

La tercera y definitiva mano era prescindible tras las dos primeras, la votación. La aritmética es tozuda y como se conocía hasta en el rincón más recóndito de la Chimbamba Austral, la suma de votos que apoyaba a Rajoy era insuperable, sumasen lo que sumasen el resto. No había más que arrascar y le dieses las vueltas que le dieses, siempre terminaría igual.

Rajoy salió del hemiciclo medio metro por detrás de su pecho hinchado artificialmente y a punto estuvo de costarle un percance por apnea, si no hubieran aparecido los suyos para hacerle un corro y que pudiera respirar discretamente.  Él contó a todo bicho viviente que había vencido claramente a Pablo Iglesias y en sus filas nadie osó informarle que la partida era al Tute cabrón, el que pierde gana…



domingo, 11 de junio de 2017

España, país de hipócritas, demagogos y tiranos


A menudo, y de un modo más público que íntimo, nos preguntamos cómo puede vencer la derecha en España si somos un país con unas cifras de paro escandalosas, una precariedad laboral que se acerca peligrosamente a la esclavitud, unos servicios públicos en franco retroceso que están siendo sustituidos por los mismos o peores, de carácter privado, sin que nos echemos a la calle a protestar, un sistema público de pensiones en bancarrota técnica, que tiene una solución tan sencilla como eficaz, que no quieren aplicar por no molestar a la Banca, de una parte, no haciéndola contribuir y, de otra, siendo la beneficiaria de la contratación masiva de planes de pensiones.  La única solución posible, aunque dolorosa, es que España es un país con una población (con sus lógicas excepciones) tan hipócrita como acomodaticia.

La derecha rancia, cavernícola y reaccionaria hace tiempo que dejó de asombrarse de que le “compren” su discurso del miedo, del odio y la intransigencia para con los demás y unas tragaderas, modo autopista, con seis carriles pos sentido para las tropelías propias. Nadie se hace preguntas, cierra los ojos, abre la boca y repite como un papagayo los discursos demagógicos que escucha, porque son fáciles, ramplones y apelan a las vísceras, no a un cerebro adormecido esperando la muerte por sedentarismo complaciente.

Nadie se preguntó, a partir de los primeros años de este siglo, el por qué de aquella campaña feroz, descarnada, cruel y sumamente interesada contra los sindicatos. Nadie se atrevió a cuestionar los argumentos falaces y demagógicos empleados entonces (avalados por unos golfos que suponían una vergonzosa y ridícula minoría), al contrario, no era extraño encontrar conversaciones de barra de bar que proponía fusilarlos al amanecer y poner a trabajar a esa banda de privilegiados que son los liberados sindicales, que exigían la devolución de las subvenciones percibidas más intereses y una multa porque sí y otras lindezas fruto de nuestra productiva imaginación. Nadie exigió, sin embargo, nada parecido a la patronal que tiene 10 veces más de liberados y percibe 34 veces más de subvenciones. Misterios de la idiosincrasia española.

Cuando, a finales de la década pasada, la crisis financiera que sirvió como excusa para liquidar el Estado del Bienestar, se llevó por delante 3 millones de empleos y nos pusieron mirando para Cuenca con una reforma laboral infamante, la gente preguntaba con rabia dónde estaban los sindicatos y, estos, semicomatosos, trataron de movilizar a la clase trabajadora pero sin fuerza, sin prestigio y sin seguidores, difícilmente pudieron mover nada para regocijo del tándem Gobierno-Patronal. La misma táctica que con los sindicatos, siguieron con los mal pagados trabajadores públicos entonces y, ahora, con los estibadores por la simple razón de percibir unos buenos salarios que nadie les regala, los generan con su trabajo.

Ahora bien, el colectivo más peligroso, de todos los colectivos peligrosos que nos rodean, es el de los mayores. Son personas con una razonable calidad de vida, buena salud y, crecidos por los exagerados mimos de unos y de otros para cautivar su preciado voto, una marcada tendencia a la tiranía maleducada, falaz, faltona y desinhibida que dan miedo por su descomunal potencial para hacer daño. Esos abuelitos entrañables para con sus nietos dentro de casa, se convierten en feroces alimañas, rencorosas y crueles cuando, en público, se juntan más de cuatro.  Exigen que no se les moleste cuando están jugando a las cartas pero ellos pueden entrar, con descaro y a voces, en todos los despachos que quieran. Porque los mismos que les dieron las armas, acojonados, no saben cómo pararles.

No transcurre más de un minuto, en cualquier conversación medianamente seria, en que no te estampen en la cara los argumentos más rancios de la televisión de la ultraderecha, que devoran con fruición, creen a pies juntillas y luego… votan señalando a otros como culpables de todos los males del mundo.

No me agrada un pelo la conclusión a que he llegado pero, lamentablemente, tras las dos décadas de tregua que tuvimos tras la dictadura, España ha vuelto a ser el país de derechas que siempre fue. Por mucho que nos empeñemos en creer lo contrario.




sábado, 27 de mayo de 2017

The show must go on...


Con un gesto imperceptible desde la primera fila de público, separó un centímetro el telón de la pared lateral y echó un discreto vistazo: Lleno absoluto, una leve cucaracha no encontraría hueco para entrar en la sala entre los pies de los asistentes. Es cierto que se habían volcado con la publicidad, empapelando de esos acertados carteles toda la ciudad, pero la respuesta general superó las expectativas más optimistas. Ya en la prueba de sonido, hace más de dos horas, se anunció el éxito cuando, los que esperaban impacientes para entrar, aullaron de gozo al escuchar su voz entre acoples y variaciones de tono y algún gallo estridente que delataba una garganta sin calentamiento.  Estaba en la cresta de la ola y debía exprimir su popularidad hasta la última gota.

Aún recordaba cuando, hace seis años, su nombre comenzó a sonar entre los grandes, aún recordaba el nudo en el estómago que sentía al leer las encarnizadas soflamas en contra de sus primeros haters, aún recordaba las noches de insomnio atenazado por el miedo escénico y las pastillitas milagrosas que le pasaron los compañeros de la banda. ¿Ver unicornios, dicen?  Y sonreía para sus adentros rememorando lo mal que le sentaba el tutú al ornitorrinco protagonista de su particular versión de “El lago de los cisnes”. Aún recordaba, entre brumas, el momento de caer dormido, o anestesiado, entre risas lisérgicas.

El corto, pero intenso, periodo de experimentación con la “potenciación química”, que llamaba él a sus coqueteos con las drogas, tocó prácticamente todas la teclas al  menos una vez y, a pesar de eso, o quizás por eso, decían, no se enganchó a ninguna. Decían también que su férrea voluntad no lo permitiría, que nada podía con él y otras leyendas inventadas de similar pelaje y todas falsas; en su carga genética había dos rasgos definitorios: la predisposición a una alarmante ausencia de empatía, bien disimulada mediante clases de interpretación, y un gen dominante que evitaba someterse a adicciones de cualquier tipo. Cosas de la bioquímica.


UN MINUTO, sonó una voz metálica a su espalda, cada quien ocupó su puesto con precisión, el pesado telón comenzó a abrirse parsimonioso a la vez que, gradualmente, iban bajando las luces de la sala e iban adquiriendo intensidad las del escenario.  Atusó, con un tic, sus rizos en la nuca, desplegó su mejor sonrisa y apareció en escena saludando con ambas manos en alto. El Spanish Presupuestos Tour 2017 había llevado a Cristóbal Montoro hasta Las Palmas de Gran Canaria, donde ahora desgranaría las inversiones millonarias que llevarán a cabo a cambio de un voto. The show must go on…

domingo, 21 de mayo de 2017

Lo primario de las Primarias


Sé que no seré el primero en jugar con la polisemia del término “primarias” para hablar del proceso interno que está experimentando el PSOE, es verdad; pero tampoco seré el último y, qué coño, las palabras están para utilizarlas.

Según el autor que consultes, de Freud en adelante, la cifra de instintos primarios varía, de dos a dieciocho o, incluso, más, según profundicemos en el cerebro humano en busca del primigenio cerebro reptil. Veamos:

Agresividad, curiosidad, ira, miedo, lujuria, juego, duelo, ansiedad, amor, odio, amistad, violencia, avaricia, vanidad, altruismo, compasión, cultura, …

Todos, sin dejarnos uno, están teniendo una influencia decisiva en las Primarias del partido socialista. Alguien mínimamente espabilado dirá: claro, y en el resto de facetas de la vida, también. Y no le faltará razón pero, si me atengo a ese criterio, me quedo sin artículo, de modo que continuaré por donde iba.

La sociedad está cambiando a velocidad vertiginosa y las rígidas estructuras de los partidos políticos tradicionales, aunque intentan adaptarse, muestran la dificultad, casi congénita, para poder conseguirlo mediante sonoros y estremecedores crujidos que ponen el delicado vello de la nuca como cerdas de jabalí resabiado. El debate del pasado lunes tuvo toda la apariencia de una autopsia, retransmitida en directo, de un individuo aún vivo y consciente y, lo que es peor, de cómo querían repartirse la herencia. Hubo quien miró la pantalla con curiosidad, otros con espanto, unos cuantos con regodeo, también hubo hueco para la indignación y, cómo no, para la indiferencia.

El caso es que ninguno de los tres contendientes es el PSOE actual, lo son los tres. No vale el maniqueísmo de Pedro contra Susana o Susana contra Pedro porque, quizá, el mensaje de Patxi representaba el “valor refugio” que ofrece el patrón oro en los momentos de crisis; en su caso se trataba del mantra de la Unidad.

Pensándolo fríamente y desde fuera, esta catarsis brutal en que se ve envuelto le va a hacer mucho bien. Se acabaron los tiempos en que las diferencias de criterio, grandes o pequeñas, se dirimían en la opacidad de los despachos y las figuras perdedoras eran fusiladas en la intimidad, sin que nadie se enterara de nada, propiciando odios larvados que pedían sangre a la menor oportunidad. Todo el proceso se ha hecho a la luz del día, con luces, cámaras, guionistas más o menos afortunados, periodistas en contra, periodistas muy en contra, seguidores, detractores, espectadores activos, espectadores pasivos y tres protagonistas de manual. Los usos y costumbres del siglo XX han quedado definitivamente enterrados y ya no volverán. No digo que los de ahora sean mejores, solo son distintos y adaptados a la vorágine exhibicionista que vivimos.

Tenemos en el tablero otros partidos: El PP continúa con su funcionamiento simple, monolítico, de órdenes en vertical y no ha explotado en mil pedazos por ese extraño “efecto piña”, también primario, que conlleva la defensa de los miles de casos aislados de corrupción y podredumbre que infectan e infestan sus filas. Ciudadanos no se apea del postureo de la nueva política pero no es más que el resultado de colocarle el motor arcaico de un vetusto SEAT 850 a una carrocería pintona y deportiva pintada de naranja. Qué decir de Podemos; es la simetría de Ciudadanos, colocada al otro lado del eje, tiñendo de morado (robado, como tantas otras cosas, del movimiento feminista) una maquinaria pretendidamente democrática que hace aguas en cuanto se le somete a las implacables pruebas de estrés de la discrepancia interna.

No soy militante socialista y, por tanto, no me veo en el complicada tesitura de tener que decidir a quién quiero más, si a papá o a mamá. Visto con frialdad e, insisto, desde fuera, quizá me decantará por irme a vivir con la familia de Bilbao pero, claro, yo no decido.



sábado, 20 de mayo de 2017

Mañana


Durante los años de opulencia no desperdiciaste una oportunidad de despreciar a todo el que no estuviera de acuerdo contigo, desobedeciese esas órdenes tuyas nunca pronunciadas que debían ser adivinadas o, incluso, envalentonado con vapores que entontecen la voluntad, faltando gravemente al respeto de quien, real o figuradamente, había osado mirarte mal. Un oscilante coro de palmeros, de a tanto el abrazo, reía tus gracias, jaleaba tus bravuconadas y volvías a casa zigzagueante, agachándote a cada poco para no enganchar tu ego en los tendidos eléctricos. Yo también estaba ahí y, con viento de cola, no supe o no quise avisar.

Los extremos del vaivén ciclotímico donde te mecías en privado tenían un denominador común, el de la buena persona que luchaba por aflorar en un mundo implacable. Con el tiempo, y quién sabe si el cansancio, el buen tipo acabó perdiendo fuelle y rindiéndose a la evidencia: La apariencia de ser vulnerable es un lujo que no te podías permitir en un mundo de depredadores y presas. Ese mundo primitivo y binario está vedado a quienes exteriorizan debilidades; mejor enterrarlas bajo toneladas de altanería.  Gran error, no solo no han muerto sino que, fuertemente arraigadas, han adquirido pujanza en la profundidad y aflorarán cuando menos te lo esperes. No será malo, simplemente incómodo.

Aun así, por esos misterios que hacen tan apasionante la naturaleza humana, hay gente que te quiere; que ha optado por mirar para otro lado cuando tu frustración se expresa mediante espumarajos de odio evanescente, solo por no tener la dolorosa experiencia de mirarte a los ojos y ver todo el sufrimiento que tratan de esconder. Es triste ver pedir auxilio en silencio, a quien ya es una parte de ti mismo, y no poder hacer nada por darle el calor que pide porque, como ese león herido en una trampa, matará de un certero zarpazo a todo el que se acerque a socorrerle. El orgullo mal entendido y la cerrazón a reconocer los errores, también son propios de la naturaleza humana y con ellos hay que vivir.

Lo reconozco, no sé qué hacer, no sé cómo acercarme, estoy muy cansado para atravesar a nado ese océano de lava ardiente que nos separa y creo que debería intentarlo pero, puedes llamarlo hartazgo, pereza, agotamiento, … , quizá, espíritu de supervivencia, puedes llamarlo como quieras porque el resultado es el mismo, estamos ambos, quietos, mirándonos desde ambas orillas sin atrevernos siquiera a mojarnos los pies y la inacción es nuestro peor enemigo.  No sé si me necesitas, puedo sospechar que sí. Sé, a ciencia cierta, que soy demasiado pobre como para poder permitirme el lujo de tirar una amistad tan valiosa, labrada durante años.

En una carpeta archivada en una caja, que guardé en un mueble, que almacené en una sala, que hay en ese sótano, que cerré bajo siete llaves, tras una escalera tapiada; escribí Ofensas y no recuerdo ya lo que metí. Sobre la mesa tengo otra carpeta vacía y abierta, en cuya portada he escrito Mañana.





domingo, 14 de mayo de 2017

Unos, otros y nosotros



La prisa cierra el plano, la pupila enfoca la meta en un vertiginoso “efecto túnel” y la única imagen lateral que recibes es tu posición relativa respecto a los rivales o enemigos que, igual que tú, tratan de alcanzar el objetivo antes que nadie.  Compites porque sí, porque así te enseñaron y porque llevas haciéndolo toda la vida, porque la existencia no tendría aliciente sin degustar las mieles de la victoria; no siempre, solo de vez en cuando aunque, si viene una buena racha, terminas acostumbrándote a su sabor y, con indicios de hastío, empiezas a buscar objetivos más ambiciosos. El viaje es solo el incómodo trámite para llegar al destino marcado que, una vez alcanzado, pierde todo su valor y es sustituido por otro más grande, más bonito, más complicado, más caro, … mejor. ¿Mejor?

El horizonte, por definición, es inalcanzable; se ve, siempre está ahí pero siempre varía. La curiosidad te obliga a detenerte cada dos pasos a observar una planta, un insecto, un contraste de colores o un grupo de gente que ríe o llora. Da lo mismo, el horizonte siempre está a la misma distancia y nunca va a estar mas cerca ni más lejos. Tienes una meta a la que llegar, claro que sí, pero es la excusa perfecta para emprender la gran aventura del viaje con todos los sentidos abiertos a la percepción de nuevas sensaciones, emociones, sentimientos … de vida, lo llaman. Has de andar con cuidado porque, a cada poco, pasa cerca de ti una persona a toda velocidad, mirando sin ver y, si tienes la mala suerte de cruzarte en su camino, serás arrollado sin contemplaciones entre amargos reproches por haberle hecho perder el tiempo. ¿el tiempo se pierde? Según; hay personas que se lamentan de perder su tiempo y otras se felicitan por haberlo sabido emplear.

Luego estamos los demás. Los que queremos correr, porque es lo que hacen todos, pero nos paramos para aprender de lo que encontramos y, claro, hemos perdido la posición ventajosa que habíamos alcanzado y, otra vez a correr. No destacamos ni por nuestra velocidad ni por nuestra curiosidad. No destacamos pero, como somos muchos, podemos hacer piña y decidir hacia qué lado nos gustaría inclinar la balanza, hacia el de la búsqueda de la victoria o de la sabiduría. Los que corren mucho y los que paran mucho nos miran como lo que somos, el mal necesario. En cierto modo somos la “Partícula de Dios” de su existencia, quienes con nuestros gustos o inclinaciones conferimos importancia a su fulgurante y ciega consecución de objetivos o reposada reflexión improductiva.

No son tan implacables como creen ni tan sabios como se tienen porque aún no se han dado cuenta de nuestra importancia; todos somos sustituibles pero también imprescindibles. Unos y otros nos consideran un obstáculo, más o menos tolerable, en su trayecto vital, pero todavía no han alcanzado, como presumen, el cenit de la evolución humana. Lo lograrán el día que descubran que, sin nosotros, no son nada.

sábado, 13 de mayo de 2017

El Analista Sarcástico de Medios propone para hoy...


El ciberataque que sufrió Telefónica se extiende a escala global
Ahora mismo, en 74 países, cuando llamas por teléfono te aparece una musiquilla insoportable, te dicen que todos los operadores está ocupados, te atienden al cabo de 22 minutos para decirte que la culpa es tuya, que apagues y enciendas el router y después te facturan 62 euros por la llamada. Son una plaga.

Ferrusola realizó otra transferencia de fondos como “madre superiora”
Mientras tanto, Pujol padre ha pedido a los Pujolines que recojan todos los frutos que hay en el árbol antes de que caiga y se lleve por delante al Estado Español. No descartemos que, en su honor, la nueva república catalana termine llamándose “Convent de les filles de sant jordi amb una mà alante o una altra enrere”.

El testaferro de González grabó a un donante del PP para chantajear a Rajoy
Al final, Mariano le hizo uno de sus discursos y el hombre entregó la cinta, más diez mil euros y una nota de disculpa.

Marhuenda manipuló una encuesta para “putear” a Cifuentes
¿Paco hizo eso? No me lo puedo creer. El hackeo de Telefónica tiene largos e insospechados tentáculos.

El Gobierno afea al PSOE que quiera abrir “viejas heridas” con los restos de Franco
Además, le ha preguntado si no tienen bastante con los muertos de las cunetas como para tener que desenterrar a uno que ya está identificado y localizado.

Albert Rivera se viene arriba tras el triunfo de Macron en Francia
Empezó a dar abrazos el domingo por la noche a sus más allegados y la onda expansiva ya llega a Zaragoza.

El mercado apunta a la venta del Popular a un gran banco
¡Ojo, cuidado! Se refiere al Banco Popular, El Partido ya se vendió hace años.

Trump amenaza en Twitter al exdirector del FBI
Como es lógico, el exdirector lo ha bloqueado y reportado. Como Twitter le suspenda la cuenta a Trump volveré a creer en los unicornios.

Una cueva con pinturas prehistóricas destrozada con grafittis
Los autores, una banda de ultraderecha especialmente virulenta, valga la redundancia, ha dicho que la caverna es suya y punto.

Les Luthiers, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades
Primero Eduardo Mendoza, ahora Les Luthiers, al final van a conseguir que vuelva a confiar en la humanidad.